Escuelas Económicas

Las Principales Escuelas del Pensamiento Económico

Los distintos Sistemas actuales están basados en una serie de doctrinas que tienen sus orígenes en distintas concepciones de la economía y cuyos autores han creado escuelas del pensamiento económico.

El liberalismo económico

Adam Smith es considerado el fundador del liberalismo económico. Con él comienza el período de los llamados economistas clásicos.

En contra de lo que defendían los mercantilistas, los liberales propugnaban la mínima intervención del Estado, ya que el mercado y su «mano invisible» son capaces de resolver  las cuestiones básicas de toda economía. Existe un orden establecido gracias al juego de la oferta y la demanda.   

En la obra  La riqueza de las naciones, Adam Smith hablaba de «la mano invisible» refiriéndose a las leyes del mercado, basadas en la ley de la oferta y la demanda. Si muchas personas demandan un mismo producto, aumentarán sus ventas y su precio.  Las empresas aprovecharán esta situación incrementando su producción. Éstas son las fuerzas  que rigen el mundo económico y que a largo plazo equilibran la producción y el consumo.

Esta confianza en el mercado  hace exigir al Estado «dejar hacer, dejar pasar» («laissez faire, laissez passer»), es decir, reducir al mínimo su intervención.

Según Adam Smith, los gobiernos son derrochadores, fáciles de corromper e ineficaces,  beneficiando siempre a unos privilegiados en detrimento de la sociedad. La mejor forma de promover el bienestar es el estímulo del propio interés y el desarrollo de la competencia.

Los liberales clásicos consideraban la ley de la oferta y la demanda una ley natural, como la que regula el ciclo de las estaciones o la ley de la gravedad. Pensaban que cuando el Estado interviene (en el  precio o imponiendo impuestos  a ciertos productos), destruye ese equilibrio natural produciendo escasez o exceso de determinados productos.

Con el inicio de la crisis de 1929, el liberalismo económico comienza a debilitarse, ya que sus planteamientos, no solo no dieron los resultados positivos esperados, sino que incluso agravaron la recesión

El Marxismo

Marx critica el capitalismo porque se trata de un sistema caracterizado por la explotación dentro de la economía, de la fuerza de trabajo del hombre al instituir el trabajo como una mercancía más. El capitalismo es responsable  de generar numerosas desigualdades sociales.

En su obra  El capital postula alcanzar una sociedad sin distinción de clases donde tanto el proceso de producción, como las fuerzas productivas y las relaciones que surgen de la producción se conviertan en un bien social.

En esta obra plantea su  “teoría del valor trabajo”, donde expone que el concepto de “valor” es distinto al de “precio” y aunque para determinar el precio se toma como base al valor, no necesariamente coincide con él para cada uno de los productos.

Marx distingue dos clases sociales antagónicas: los capitalistas, propietarios de los medios de producción, y el proletariado, formado por la clase obrera, que sólo disponen de su fuerza de trabajo.

Los bienes producidos por estos trabajadores tienen un valor de cambio mayor que el salario que reciben. Esta diferencia, denominada plusvalía, se la queda el propietario, el capitalista, provocando  cada vez más diferencia entre ambas clases sociales.

KEYNESIANISMO

Las teorías de John M. Keynes, extendidas durante el período de la gran Depresión,  constituyen un análisis de la demanda efectiva y su incidencia en las variaciones del nivel de producción y empleo. Rompía así con la doctrina oficial existente y con la  ley de los mercados,   cambiando completamente la visión que existía sobre la macroeconomía.

La Ley de los mercados o Ley de Say: principio económico que indica que no puede existir demanda sin haber oferta. Es la oferta la que genera la demanda, y no la demanda la que genera la oferta.

La publicación de su libro  Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, alteró radicalmente la visión sobre el funcionamiento de las economías modernas.

En ella se muestra los intentos de Keynes para cambiar la opinión general en el pensamiento que existía en el entorno macroeconómico. En síntesis, Keynes propone  una economía mixta, entre el sistema de economía de mercado y el sistema de economía planificada. Es decir, considera conjuntamente las fuerzas del mercado y las directrices del Estado para resolver los problemas económicos, ya que en épocas de crisis,  para impedir la caída de la demanda, es recomendable que el estado intervenga aumentando el gasto público y reduciendo los impuestos.

En definitiva, para Keynes el mercado es un mecanismo eficiente, pero necesitado de acciones que lo reconduzca, sobre todo en  épocas de recesión económica.

Keynes demuestra que para regular las fluctuaciones de la actividad económica no basta con  la política monetaria, debido a sus limitaciones. Es necesario complementarla con otros instrumentos de política económica, como la política fiscal.  Para estimular la economía proponía  una política fiscal  expansiva. De esta forma, se incrementaría el gasto agregado y, a través del multiplicador, se incrementaría también el nivel de ingreso, alcanzando así el equilibrio deseado del mercado.

Neo liberalismo

Con la crisis del petróleo en 1973 surge un nuevo escenario en el que coexisten  inflación y  desempleo. Es lo que se denominó  “estanflación”.

Esta nueva situación era inexplicable para las teorías keynesianas, siendo  desplazadas, después de 40 años de vigencia, por las corrientes monetaristas y las escuelas neoliberales.

Estas doctrinas  recuperan la relevancia del mercado y defienden la reducción de la participación del Estado, limitándola  a la política monetaria, encontrando su mayor exponente en Milton Friedman y su mayor auge en los años 70.

Concretamente, la Escuela de Chicago reivindicaba el liberalismo neoclásico de Adam Smith, manifestando que los beneficios de las empresas son los únicos generadores del crecimiento económico y para ello, el mercado debería funcionar con total libertad. El Estado   debería rebajar los impuestos, ya que éstos retraen la inversión y disminuyen los beneficios.

Según los monetaristas,  la política monetaria no es lo suficientemente efectiva para incrementar el producto en el largo plazo. Además, sostienen que una excesiva aplicación de esta política sólo conduciría a una mayor inflación. De ahí, sus críticas a la intervención del Estado.

Friedman, en su libro “Capitalismo y libertad”, considera que el capitalismo representa el mejor sistema económico, ofreciendo además el espacio más apto para la autorealización individual.

No duda en manifestar, en su obra realizada conjuntamente con Anna Schwartz, “Historia monetaria de los Estados Unidos 1867-1960”, que una de las causas de la crisis económica mundial iniciada en 1929 fue  la política monetaria restrictiva vigente en el momento y que como consecuencia, el papel del Estado debería limitarse a mantener políticas monetarias neutrales que permitieran a la economía crecer sin inflación.